AMOR EN SILENCIO
Cuando anochece siento como mi corazón se inunda de ganas,
mas le gana el desconsuelo.
Me aferro a la almohada con el pensamiento metafórico
de una luz que destella desde lo alto…
proclamando algo.
El viento azota las rendijas y la lluvia se desliza por las ventanas de mi alma.
El llanto corre y corre sin detenerse,
hasta en algún minuto cesar y no alarmarme más…
Mi voz se siente desintegrada,
recitando frases tan cortadas…
iluminada tan solo por la luna en una inmensidad negruzca y casi violenta.
Estruendos se escuchan,
pero no se si se encuentran en las afueras de estos aposentos o en mi rostro,
abierto al desconsuelo.
Siento tiritar mis labios al imaginar tu imagen difusa,
alejándose a pasos agigantados de las proximidades alertas.
Tengo los brazos cansados de tanto apoderarme de tu cuerpo,
sin dejarlo escapar ni un instante y pervirtiéndolo en cada momento.
Mis pestañas decaen y la expresión se endurece,
quiero contaminarla de felicidad y no volver a llorar,
no quiero escuchar nuevamente esa bienvenida espeluznante,
quiero aventurarme y poder lanzarme al abismo
y en el fondo reencontrarme con mi entorno,
que ya no será confuso,
sino mas bien discreto y sosegado.
Deseo sentir cada uno de mis dedos sobre tu exquisita piel,
acariciando hasta lo interior,
no dejarte escapar otra vez,
y esta vez apoderarme de tu fe.
Quiero ser tu dama y señora
y pronunciarlo al unísono del ritmo melodioso de esa canción que nos acompañó
y en tales momentos se volvió signo de nuestra relación.
Quiero amarte por siempre
sin tener complicaciones de por medio que nos dificulten,
que nos atraviesen los corazones y rompan nuestras escenas perfectas,
sumidas en la más sincera pasión.
Pretendo volver a pisar el suelo al levantarme con una sonrisa dibujada en la cara; expresión de franqueza,
y no de simulación,
que a los dos minutos se encuentra en extinción y en eterna desesperación.
Soy una especie conforme y complicada,
tus palabras son orientadoras y hasta a veces despiadadas,
pero te dedico un “gracias”,
pues después de todo,
eres el ser al que más he amado.
Dejando atrás todo lo pasado,
miro al frente y pienso que aquí,
“nada ha pasado.
Seco mis lágrimas
y mis ojos brillan como las más preciosas perlas,
pertenecientes al más malvado pirata,
pero con una profundidad extensa,
con el iris clavado hacia un fin,
un horizonte perdido,
que más que fin,
señala el comienzo de algo nuevo,
plausible y dedicado a aquella mirada,
antes confusa y ahora aún más correcta,
con los pies en la tierra y el alma en paz.
A N T R O
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